| Reparto de la Ayuda Humanitaria 2007 Parte 1 |
| Escrito por Jürgen |
| Jueves, 27 de Septiembre de 2007 21:15 |
|
La noche antes de nuestro vuelo a República Dominicana fue muy corta. Era el 4 de septiembre y nos acostamos pronto. Pero a cada rato nos acordábamos de cosas que todavía podrían caber en las maletas y a las once y media seguíamos despiertos. El despertador estaba puesto para las dos de la madrugada. Por fin nos dormimos y no oímos el despertador. A las tres de la mañana escuche entre sueños un coche. Una mirada al reloj me heló la sangre. Eran las tres y nos venía a recoger nuestra hija. Nos levantamos volando, nos arreglamos, nos vestimos, me peiné una tarea fácil: 4 pelos para un lado, 3 para otro y ¡ya está! Metimos las maletas en el coche y salimos hacia la estación de tren de Bremerhaven. Pero ¿dónde estaba la estación? Medio dormidos como íbamos nos equivocamos y cuando por fin llegamos con nuestros 70 kilos de equipaje faltaban 3 minutos para que el tren saliera con dirección a Düsseldorf. Una vez en el tren ya respiramos tranquilos y no nos pasaron más desventuras. El vuelo a Puerto Plata también fue normal y la comida horrible como siempre. Un poco de pasta con tomate, todo seco y nada apetecible. Hicimos escala en Samaná donde bajó parte del pasaje y subieron turistas cuyas vacaciones ya habían terminado. A las 16:50 aterrizamos en Puerto Plata. Nuestras maletas salieron de las primeras de forma que llegamos enseguida a la aduana. Y ahí pasó lo que tenía que pasar. El policía de aduanas nos paró y dijo que teníamos que poner las maletas sobre la cinta para que pudiera revisarlas. Acerqué el carrito con las maletas hasta la cinta y le indiqué que pesaban tanto que tendría que cogerlas él. En vez de las maletas Barbara puso dos cartas sobre la cinta. Eran dos documentos oficiales dominicanos. Ya eran tres los policías que nos observaban y Barbara les indicó que leyeran los documentos. A partir de ahí todo salió a la perfección. "Ah, una fundación", dijo muy amablemente uno de los agentes y dio un empujón al carrito de las maletas en dirección a la salida. Incluso me acompañó y me preguntó si no tendría alguna cosita para sus hijos. Desgraciadamente tuve que decirle que no porque todas las cosas se encuentran en el contenedor y en el equipaje sólo llevabamos medicinas importantes e insulina. La verdad es que en la aduana del aeropuerto de Puerto Plata se portaron muy bien con nosotros. Por fin salimos del edificio del aeropuerto y nos recibió una bofetada de calor húmedo. Un poco nerviosos buscamos a Heinz. No nos conocíamos personalmente, sólo de Internet y por teléfono. ¿Tendrá el mismo aspecto que en las fotos o la foto era de cuando era joven? ¿Será como nosotros nos lo imaginamos? ¿Tendrá nuestra misma forma de ver la vida y la forma de querer ayudar a los más necesitados? En ese momento nos asaltaron un montón de preguntas que muy pronto tendrían una respuesta absolutamente positiva.
FIN de la primera parte. |











